• Red Crucero

Batalla de fe



Votar se ha vuelto un acto de fe


Mejor dicho, decidir el voto.


Crees es mi... Lo crees todo, y sabes que el demonio adversario va a tentar tu alma para mostrar cosas malas y falsas.


Pero no le creas... Cree en mi.


A eso llegamos en México, en Nuevo León.


Cada denominación política interpreta a su conveniencia sus propias doctrinas y se fabrica un halo de pureza.


Entonces ellos y ellas te envían, te hacen llegar su propio credo y te advierten que no leas esto... Que no leas aquello porque son cosas del maligno adversario...


No vemos hombres y mujeres capaces de pecar... Capaces de cometer errores como todos los seres humanos quienes tienen vida.


En el pantano de la política nadie cruza sin manchar plumaje, porque en la política hay que posarse en aquellas salientes en las que tomarás aliento o el alimento.


Decidir el voto se volvió cosa de fe y la batalla política ha trocado en la peor de todas las guerras: La religiosa.


Vamos a destruir al adversario porque está maldito...


Cada tres, cada seis años, nuestro Juan Diego interior tiene un prodigio en el ayate.


Cada tres o cada seis años nos cae la maldición por haber creído en dioses hechos de mano.


Y volvemos a prometer que nunca más, mientras encendemos la veladora y la plegaria para que ahora sí, el próximo sea el bueno... El iluminado.



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