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  • Foto del escritorRed Crucero

Ciudadanos que no se conforman exigirán hoy que se castigue a Samuel


El tema de la impunidad oficial se vuelve cada vez más complejo porque ahora tenemos una ciudadanía más participativa, extraviada quizá, pero que se entera de muchas cosas y tras enterarse exige explicaciones.


Por eso, el arreglo que trajo a Samuel García de nuevo a la gubernatura, luego de cometer en poco tiempo tres delitos a la vista de todo mundo, deja a medio mundo indignado, furioso, exigente.


Si usted va mañana al Congreso y se mete a fuerza al salón de sesiones... trepa a la tribuna y brincotea entre las curules, aunque no haya sesión, usted va directo al tambo.


Ahora que si lo hace en plena sesión, su delito es grave, y nadie lo va a salvar de pasar varios años en la cárcel.


A un médico que receta sin una cédula profesional, lo mandan al bote.


A un gobernador que ejerce sin el aval del Congreso, lo señalan y luego lo dejan regresar triunfante... ni un signo de pesar o de arrepentimiento; nada de reconocer el error.


Esa es la diferencia entre el mundo real y el de la política.


La cosa es que ahora el mundo real se acerca a la política y exige que los políticos se atengan al mundo real.


Esta mañana en el Congreso, un grupo de ciudadanos valiosísimos entregarán una carta dirigida al Presidente de la Mesa Directiva, Mauro Guerra; en ella exigen que el Congreso se deje de miramientos y actúe como un vehículo del enojo ciudadano.


Que muevan las palancas necesarias, que opriman los botones indicados, pero que echen a andar la maquinaria legal para que Samuel responda por los delitos cometidos.


Lo que estos ciudadanos echan a andar hoy, pudiera derrumbar algunos cimientos en los que la política se ha sostenido, o quizá solamente provoque algún leve estremecimiento.


Pero es así como los grandes terremotos avisan.





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