• Red Crucero

¿Cuándo se deja de ser niño?

Por José Luis Galván Hdz.

 




Aún con calcetones blancos, tenis y uniforme en blanco y azul del colegio FORMUS, los niños caminan emocionados hacia el escenario  para recibir su diploma de graduación de primaria, en donde se despiden de  una etapa de su vida. Algunos quizá sentirán que es una adiós a su niñez para empezar a ser adolescentes.  

 

Pero ese mismo día, en la tarde noche se veía un contraste: algunas niñas con vestidos largos; otras con faldas o conjuntos casuales pero con un gran producción en su arreglo personal; los niños un poco más modestos, pero luciendo moños, corbatas, sacos y  pantalones de vestir, muy pocos ya con el short y tenis. Observaba a todos los graduados, era una fiesta digna de universidad, con misa, salón y un grupo musical en vivo. Por supuesto, mi mayor atención estaba en mi hijo Iker de 11 años, quien portaba camisa de vestir y un moño en su cuello.

 

El orden de las mesas se partía en dos sectores, por un lado los graduados y en el otro los padres de familia, divididos por la pista de baile,  en donde niños y adultos llegamos a coincidir en ciertos bailes. Algunos adultos se divertían como niños y algunos niños estaban apenados por los movimientos de la danza,  su expresión era la un adulto preocupado por el que dirán.

 

Pero,  ¿cuando se deja de ser niño? ¿cuando pasas de primara a secundaria?, ¿cuando en tu vida sucede un tragedia? ¿cuando pierdes a uno de tus padres?, ¿tal vez al sufrí el divorcio  de tus progenitores?. Quizá puede que sea en momentos memorables, como al dar el primer beso a escondidas o al iniciar en la sexualidad con precocidad; al experimentar los cambios físicos cuerpo y descubrir cosas nuevas en los demás;  o tal vez cuando ya te preocupas mucho por el que darían y te vuelves más serio, olvidas reír a carcajadas por cualquier simpleza de la cotidianidad, como un niño que no tiene límite para el juego y la diversión.

 

En el caso de mis hijos, me  pregunto si ambos están dejando de ser niños. Iker, el graduado y Gabriel de 9 años. Los fines de semana ya no van a nuestra cama al despertarse,  prefieren el televisor o el Nintendo. Era distinto a cuando eran bebés, pues corrían de su cuarto a nuestra recamara para abrazarnos de las mañanas, algo que creo extrañar. En las  noches solía contarles cuentos, hoy prefieren quedarse en la sala de TV a ver una película o serie.  

 

Al final de esa noche después de la fiesta, perdido en mis pensamientos, me fui un poco a mi infancia y recordé mi graduación de sexto año de primaria. Se celebró en el patio escolar,  solo fue una  entrega de diplomas y bailé el vals con un niña a quien ni la mano le quería tomar por pena. Y hoy, casi 40 años después, estaba en medio de la pista de baile abrazado con Iker, intentando seguir el ritmo de la música, al no poder estar su madre porque estaba enferma, ahí estábamos los dos hombres bailando abrazados, con inocencia , amor y candidez. Quizá al principio con pena, pero al final después nos olvidarnos de todo, solo éramos dos niños, padre e hijo. Porque creo que nunca se deja de ser niño.

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