• Red Crucero

De Nora, Haikus y haitianos


Por José Luis Galván Hdz.



Emigró de las montañas, de este pueblo mágico que es Santiago, dejando plantas, flores, sonidos de aves y del río, que a veces entre sus piedras la suele llamar. Se fue nuestra vecina favorita, Nora Obregón. Apenas un par de meses de eso…y cómo la extrañamos.


No solo nosotros las vamos a extrañar, si no aquellos de pies descalzos, viajantes que van hacia el país del norte; los que sufren en sus pueblos por hambre y pobreza. Los hermanos del Salvador, Guatemala, los hondureños, los venezolanos y hoy, en especial, los haitianos; los migrantes que siempre ella ayudó cuando radicó en Nuevo León. Nora hacía colectas con vecinos, publicaba en redes sociales las necesidades de los dolidos centroamericanos, conseguía ropa, alimentos, libros que llevaba a las casas de migrantes.


Por cierto, nuestra vecina favorita también amaba los libros, es editora independiente, tenía su círculo de lecturas en el pueblo, en países centroamericanos de manera virtual y en diferentes casas de migrantes; profesora de literatura y coordinadora de la biblioteca del colegio Formus, donde estudian mis niños. Ahora en la pandemia se reunía a leer con mis hijos de jardín a jardín y les enseñó a hacer haikus, pequeños versos de tres renglones de 5, 7 y 5 sílabas; que hablan de la naturaleza, de la vida cotidiana y ella en especial escribía de los migrantes.


Ahora que en nuestro estado y en que México están llegando miles de hermanos de Haití, vemos que esto es una tragedia personal y humana para ellos; nuestro gobierno solo ve esta migración como una bomba de tiempo, vaticinado un mal desenlace en las relaciones de México y Estados Unidos. Entonces me pregunto: ¿Qué haría hoy mi vecina favorita? No para opinar sino para actuar y ayudar a esas personas que tuvieron tristemente, que dejar sus lugares de nacimiento y sus familias para buscar una mejor forma de vida.


Recuerdo que Nora me invitó a una conferencia sobre migración. Ahí me presentó al padre Alejandro Solalinde, defensor de los migrantes; además coincidimos con otro gran ser humano amigo de ambos, el padre Luis Villareal, encargado y fundador de Casa Nicolás; que en nuestro estado alberga a muchos de los migrantes que pasan en su camino hacia el norte. Al final de la conferencia oírlos platicar las anécdotas que viven ellos con los hermanos migrantes, me hace reflexionar sobre la poca sensibilidad que tenemos la sociedad en general con este fenómeno humano que no es solo de México o una región si no es del mundo entero .


Para no ir tan lejos ese sufrimiento se vive entre nuestra misma gente, los mexicanos que van también por el sueño americano y sufren discriminación, arriesgan su vida en desiertos de la frontera norte. Hoy que están en nuestro estado miles de hermanos caribeños; ojalá pudiéramos poner un granito de arena para mitigar un poco su andar. Y en honor a la ayuda que les hace falta de mi vecina favorita, Nora Obregón; intenté escribir este haiku: Éxodo sin fin/Del mar y hasta el desierto,/Una voz, Haití.



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