• Red Crucero

Debanhi

Por JOSÉ LUIS GALVÁN HERNÁNDEZ

“Tiene dieciocho años en su joven piel, residuos de muñecas en sus uñas porque sigue siendo niña en su cuerpo de mujer… Y voló, se marcho dejando padres y un cajón… se marcho llorando sin decir adiós…” Esta noche que me volvió a atacar el insomnio me levanté pensando en esa triste canción del grupo español “Los Pecos”, que habla de una joven que se va, que desaparece una noche. Irremediablemente pensé en Debanhi.

En la canción no se habla de muerte, de asesinato, de violencia, de mujeres violadas, “de accidentes”; como cruelmente esta pasando en nuestro estado y en todo México; en donde ser mujer es peligroso, estás en constante vulnerabilidad y mas si eres niña, adolescente, por que una noche sales con tus amigos y ya no regresas mas a tu casa. Pasan trece días y apareces muerta en una cisterna vieja de un motel, como le sucedió a ella.

Entonces las autoridades aparecen en rolladas en un “extraño video”, como robots, evitando preguntas incómodas en una rueda de prensa que no hacen en vivo, quizás por que la misma justicia está muerta. Entonces ellos graban una y otra vez tratando de transmitir empatía, con frases huecas como: “sentimos mucho la muerte de Debanhi”, “le damos condolencias a su familia”, “siempre estuvimos apoyando la familia” y el colmo: “Fue una falla humana masiva”.

El guión está muy mal escrito por publicistas llegados de Jalisco. Los representantes de la fiscalía hacen una pésima actuación, no entienden que se filma “El ensayo de un crimen”.

Pero esto no es una novela de Rodolfo Usigli, ni una película de Buñuel, es una realidad: se están matando mujeres. No hay fantasía, ni un maniquí, aunque al parecer se intentó hacer una mala película con la búsqueda y publicidad de trece días, en donde se envolvió tristemente a la familia de la víctima, se le convencía al padre de la chica que apareciera una y otra vez en las cámaras.

El fin de esta historia es muy dolorosa, triste. El padre parado delante de las indiscretas cámaras y micrófonos; de fondo el motel donde se encontró el cuerpo de su hija. Y aunque no llora, sus ojos cristalinos quieren estallar, hacen largas pausas, porque no entiende, pide perdón a sus familiares, siente culpa por que confió en las autoridades. ¿No debemos confiar en las autoridades? La madre sollozando, la mirada en el suelo en donde quizás estaba buscando los pedazos de su corazón roto.

Con el insomnio a cuestas estoy como un simple espectador de este estrujante drama, que me conmueve, no puedo imaginar el dolor que cargan los padres de Debanhi, veo los videos, declaraciones, noticas; cuando un rayo de luz surge de la inmensa oscuridad, escucho la canción con la que me desperté… ”y voló, se marchó una noche en dirección al sol”. Ojalá que en la larga noche que les espera a los padres, encuentren algunos amaneceres con sol y el rostro de Debanhi en el cielo…

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