• Omar Eli Robles

El saxofonista...


Toca el sax como pocos, y pasa por la calle Mario J. Montemayor; Me llegan los acordes hasta la mecedora en donde intento mi diaria siesta de las tres de la tarde, para reponer la diaria desmadrugada.


Es un regalazo...


Mi sobrinita entra corriendo... ¿Me das una moneda para darle?


Le entrego cinco pesos, y salgo detrás de ella para escuchar más de cerca, termina la ejecución y la niña le acerca la moneda, igual que otras cinco o seis personas quienes agradecen además con aplausos aquel regalo.


El buen hombre las rechaza, las monedas, y algo le dice a la niña y a la gente... ¡Vale!, una de mis vecinas rompe en llanto.


¿La insultaría?


Llega mi sobrina, me regresa el dinero... "Dice que si mejor le das comida".


No lloro nomás porque soy muy macho; este artistazo que amenizaba de vez en vez las comidas en La Guacamaya o en el Cinco-Cero, de repente se quedó sin lugar para ganar el pan.


Hace cuatro meses que no recibe ni sueldo ni propinas generosas de clientes quienes acompañan los carísimos platos con música selecta.


La situación está peor de lo que uno pensaba...


Músicos, meseros, empleados de casinos, de centros de espectáculos, de lugares donde se llevan a cabo los bailes... ¡un montón de oficios sin ingreso!


No hubo apoyo federal; los famosos créditos de 25 mil pesos del Gobierno Federal fueron a dar a manos de quienes ya estaban en el Censo del Bienestar... los que ya recibían apoyos.


Pero nadie quien estuviese con ingresos decentes y de repente se viera en el abandono, puede recibir ese dinero. Dinero suyo, desde luego, de los impuestos que pagaron cuando les iba bien.


La situación está peor de lo que pensábamos...


La turbulencia ya pegó en varios sectores de la nave, y el capitán no para de hablar por el parlante para decir toda suerte de estupideces.


¿Por qué carajos no se calla y nos deja buscar la manera de salir adelante?


Salimos de la crisis del 94-95... Salimos de la del 2009... vamos a salir de ésta.


La solidaridad de nuestro pueblo guajolotero es proverbial y no se ve en ningún lado.


Aquel hombre comió a la mesa de mis vecinos, y llevó para su casa (mujer y cuatro chamacos) dos bolsas con despensa, y otra con arroz ya cocinado, frijoles en bola cocidos, tres filetes de pescado.


Volverá cualquier día de estos...


En México donde comen dos, comen tres, cierto.


Pero mucho nos ayudaría que el gran factor que nos divide se dedique a lo suyo, a su campaña entre los menesterosos que pueden vender su alma por unos frijoles con gorgojos, pero que por favor se calle y nos deje salir adelante.


Traemos el dolor a cuestas de nuestra gente que ha muerto por esta maldita plaga... traemos el nudo en la garganta por historias como ésta que empiezan a multiplicarse.


Por cierto, esta tarde, en derredor de aquel saxofonista, habíamos simpatizantes de AMLO y muchos a quienes ya nos hartó.


Y nade... ¡absolutamente nadie!, hizo mención de ello.


Como siempre, solo la tragedia es capaz de unirnos, y ésta... ésta es peor de lo que pensaba.


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