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  • Foto del escritorRed Crucero

Los dos dramas… Heliodoro y Samuel, ¡hijos de una lágrima!


El melodrama de Jaime Heliodoro… el melodrama de Samuel.


El exgobernador preso culpa al Gobernador… uno se aferra a salir, el otro a quedarse.


¿En qué momento este par de ineptos llegaron a la máxima silla de Nuevo León?


Jaime escala al clímax del drama lacrimógeno; utiliza otra vez a sus hijos… le escribe una carta al que falleció en un accidente… y a la pequeña la envuelve en el doloroso caso del robo de su cochinito.


¿Qué se necesita para usar así a los inocentes?


Samuel utiliza al padre de una joven mujer presuntamente asesinada, a la que él mismo no pudo proteger y después ignoró mientras trataba de envolverse en el mediático y no menos penoso caso de Debanhi.


Samuel se inventa el rostro compungido… y llama angustiado a quien ya estaba muerta: “Si me escuchas, vuelve a casa”.


Y como en todo melodrama, busca a un villano: La Fiscalía.


Es cierto que somos un pueblo globero y melodramático al que le rompen el alma las historias de sufrimiento y redención.


Pero me late que este par de actorazos todavía no convencen.


Falta más…


Tienen poco tiempo antes de que en su escenario comience la lluvia de jitomates… o de huevos.



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