• Omar Eli Robles

TENGO 74 AÑOS

RAUL MONTER ORTEGA




Vi la luz de la vida y miré los hermosos ojos verdes de mi mamá.

Sentí las manos duras y protectoras de mi papá.

La muerte nos lo arrebato cuando apenas tenía 4 años.

Crecí en un ambiente de trabajo, necesidades, enfermedades, mucha felicidad, corrí, salté, era libre, andaba en la calle y de repente ya era hombre.

Hoy volteo los ojos hacia atrás y observo que el mundo dio muchas vueltas, pero nada cambió, bueno si, hay mucha gente, mucha contaminación, pandemias, discriminación racial, violencia, guerras, odio y lo más lamentable indiferencia social.

A mi edad, contemplo el actuar de los seres humanos con indiferencia y marcado egoísmo.

Las redes sociales nos han facilitado la vida, podemos hacer cualquier investigación en internet y tener las respuestas en cuestión de segundos, enviar miles de mensajes o recibirlos, pero con muy poca capacidad de análisis y conclusión.

Con 74 años vividos, me siento ágil, agudo, optimista, sano y creativo, pero el cuerpo es más lento que mi mente.

Veo y escucho mucho más que hace unos cuantos años, un rayo de luz solar, me alegra, el canto de un pájaro me parece un concierto, la brillantez de una gota de agua en la hoja de una flor, me sorprende y llena de alegría, escucho las risas de los jóvenes y me inyectan el optimismo del futuro, escucho el llanto de dolor de una mujer y me parte el alma, cruzo la calle y veo a un indigente, dándome rabia la injusticia de la sociedad.

Me irrita la injusticia, la corrupción, la impunidad, la indiferencia de la gente.

Me molesta no tener las herramientas para acabar con las grandes vulnerabilidades de la sociedad.

Me gustaría tener 30 años menos, para concluir temas pendientes, pero me doy cuenta que no soy el dueño del tiempo, pero si soy el dueño de mi presente.

Soy creyente, poco practicante, pero con mucha fe, oro para pedir perdón y fuerza para seguir adelante.

Tengo esperanza en el futuro venidero, no me preocupa, me alienta saber que detrás de mi vienen generaciones hombres y mujeres que seguirán construyendo nuestra aldea global, pero sobre todo nuestro hogar.

Es inquietante la lucha desmedida del poder y la poca generosidad de los gobernantes.

El nivel emocional de los ciudadanos es bajo, se encuentra en niveles de la ira cavernaria, en lugar de ubicarse en niveles del amor, la compresión, generosidad, misericordia, humildad, solidaridad e inteligencia emocional, con los que menos tienen.

Los humanos solo aprendemos a base de fracasos, nuestro carácter se forja en la dureza de las malas experiencias, siempre y cuando no echemos culpa a terceros, o a las circunstancias de la vida.

Con 74 años transitando por múltiples caminos, en diferentes escenarios y con una gran diversidad de personas, puedo decir que tuve suerte.

Viví éxitos, fracasos, le falle a mucha gente, perdí la libertad, la recupere, pero jamás perdí la dignidad.

Aprendí que la única forma de trascender en la vida es a través de la familia.

Soy multimillonario en cuantiosos recuerdos, amigos, colegas, alumnos, parientes, compadres y también gente que no le caigo bien.

Tengo tiempo suficiente para seguir amando a mi esposa Tere, disfrutar a mis hijos, nietos y amigos, trabajando en lo que me gusta, mi único compromiso es darle gracias a Dios por haber vivido esta vida, la cual seguiré gozando, igual que cuando vi la primera luz y miré los ojos verdes de mi hermosa mamá Julieta.

Raúl Monter Ortega.

raul.monter46@gmail.com











Omar Elí Robles

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